Historia de ZORRAQUINO
En el año 1890 se fundó una empresa familiar para fabricar chocolate y bombones, cuyo propietario fue Victorino Zorraquino Moreno, por lo que dió su apellido a los fabricados.
Desde el primer momento se distinguió por un sabor diferente y muy agradable a los paladares selectos, dado que se seleccionaban y mezclaban cuidadosamente los diferentes cacaos procedentes de Bahía, Guayaquil y Guinea, logrando que la marca ZORRAQUINO estuviese presente en las mejores mesas españolas, incluida la casa real española, por lo que se le concedió el título de Proveedor de la Casa Real en el año 1902.
En el año 1895 se decidió ampliar la gama de productos para las fechas navideñas y se empezó a fabricar “guirlache”. Este producto, cuya fórmula milenaria proviene de los árabes, lo elaboró ZORRAQUINO tan del agrado de público que se convirtió en la estrella de las navidades, llegando hasta nuestros días con el mismo éxito, no habiendo cambiado en el transcurso de los años su forma artesana de fabricarlo, en la que tan importante es la selección de materias primas de primera calidad, como el elemento humano que lo manipula y le da el punto final.
Mención especial merece en la historia de ZORRAQUINO, la presentación de sus chocolates en la Exposición Hispano-francesa del año 1908 y en la Exposición Universal de Bruselas en 1910, en la que le fue concedida la Medalla de Oro del Certamen.
Con el transcurrir de los años se suceden de padres a hijos en el negocio, hasta que en el año 1980, por adaptación a los tiempos actuales, la empresa familiar se convierte en sociedad, incorporando como socios a los empleados de mayor cualificación.
Durante todos estos años se fue ampliando la gama de productos hasta la actualidad en que, a los ya mencionados chocolates, bombones y guirlache, se incorporan turrones de chocolate, yemas, frutas de Aragón, cerezas al marrasquino, lamineros...
En estos momentos se está produciendo la entrada de la cuarta generación familiar a la empresa, para seguir adaptando la misma a los tiempos actuales, sin dejar perder los valores que se han mantenido a lo largo de los más de cien años de existencia.